La adolescencia: ¿qué es?

La adolescencia es la etapa de la vida que marca la transición de la infancia a la edad adulta. Se desarrolla a nivel físico, psíquico y social.

Aunque el inicio de la adolescencia coincide con el comienzo de la pubertad, no se limita a los efectos de esta; también es una construcción social en la que influyen las normas culturales y el entorno socioeducativo. En los países industrializados, se considera que la adolescencia abarca desde los 10 hasta los 24 años, aunque hay diferencias entre unas personas y otras.

Los cambios que viven los adolescentes provocan una reestructuración de su relación con el mundo, consigo mismos y con los demás. Este periodo de transformación hace que los jóvenes sean especialmente vulnerables: su identidad se está forjando y sus puntos de referencia van cambiando. Es precisamente esta inestabilidad temporal la que los expone más a ciertos comportamientos de riesgo.

De hecho, la adolescencia se caracteriza, entre otras cosas, por la necesidad de experimentar, de buscar sensaciones y novedades, así como por un nivel (relativamente) alto de asunción de riesgos, por ejemplo, con el consumo de productos del tabaco o con nicotina.

Desarrollo del cerebro

Estos cambios físicos y psicológicos se producen a través de una remodelación progresiva del cerebro. A lo largo de la adolescencia, este reorganiza su red de conexiones neuronales: refuerza las que más se utilizan en las experiencias y el aprendizaje, y descarta las que ya no sirven. Las experiencias positivas (emprender una nueva tarea, entablar relaciones significativas, aprender) consolidan los circuitos relacionados con las habilidades emocionales, sociales y cognitivas. Por el contrario, las experiencias negativas (estrés psicológico recurrente o prolongado, traumas) pueden obstaculizar este desarrollo y debilitar la salud mental a largo plazo.

La corteza prefrontal, que regula las emociones, la toma de decisiones y la planificación, es la última región del cerebro en desarrollarse. Su inmadurez explicaría la impulsividad y la tendencia a asumir riesgos en detrimento de las decisiones meditadas. El hecho de que la región del cerebro relacionada con las emociones, el estrés y el condicionamiento se remodele antes, durante la pubertad, explicaría por qué los adolescentes son más vulnerables a los efectos neurotóxicos de las sustancias psicoactivas que los adultos.

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