No siempre es fácil saber qué decir o cómo reaccionar ante el consumo de drogas de un joven. Aquí encontrarás respuestas claras y matizadas a situaciones que pueden surgir en la familia, en el colegio, en el tiempo libre o en el ámbito del trabajo social.
Padres y madres
Es habitual que los adolescentes se nieguen a hablar en la adolescencia: los jóvenes buscan afirmarse y pueden ocultar ciertos hábitos a sus padres y madres para mantener su autonomía. Aun así, es posible comunicarte con tu hijo adaptando tu forma de hablar.
- Muéstrate disponible e interesado en sus aficiones y sus relaciones.
- Opta por un momento natural y relajado en lugar de una conversación formal: mientras ves una película, al ver un anuncio de tabaco o a partir de una experiencia vivida.
- Haz preguntas abiertas para entender cómo se siente, qué piensa o qué sabe, y expresa tus preocupaciones hablando de ti: «Me preocupo por ti porque…», en lugar de centrarte en su comportamiento.
- Evita dramatizar, dar lecciones de moral, juzgar o hacer que el otro se sienta culpable, porque eso suele cerrar aún más el diálogo.
Si el diálogo sigue siendo complicado, no estás solo/a: hay profesionales, recursos en línea y servicios especializados que pueden ayudarte en este proceso.
Acompañar a los jóvenes – Padres y madresEste comentario es normal en la adolescencia y refleja la necesidad de formar parte del grupo. Antes de responder, empieza por escuchar para entender lo que tu hijo piensa, siente y sabe de verdad.
Haz preguntas abiertas para que reflexione: «¿Qué te da esa impresión?», «¿Cómo te sientes en esta situación?». Después, expresa tus preocupaciones, sin dar lecciones de moral, hablando en primera persona: «Me preocupo por ti porque…». Si puedes, procura que el mensaje sea coherente entre los padres y madres y con vuestro propio comportamiento.
Por último, destaca sus habilidades: su capacidad para decir que no, para resistir la presión de grupo y para analizar lo que le presentan. También puedes recordarle los hechos: en Suiza, la mayoría de los jóvenes no fuman a diario.
Es comprensible que te preocupe esto: las fiestas y las salidas son, de hecho, momentos en los que se puede sentir la presión de grupo. En lugar de poner prohibiciones, es más importante darle a tu hijo las herramientas para que actúe con confianza en esas situaciones.
Para ello, es recomendable entablar un diálogo. Pregúntale a tu hijo cómo afronta o cómo afrontaría este tipo de situaciones, en lugar de limitarte a advertirle. Háblale de tus preocupaciones y ayúdale a desarrollar su capacidad para decir «no», para resistirse a la presión de grupo y para cuestionar las propuestas que le hagan.
Por último, hablar del tema del tabaco antes de que surja un problema te permite abordar los riesgos para la salud, las estrategias de marketing y las presiones de grupo.
Como padres y madres, no es fácil descubrir que tu hijo o hija fuma y es normal que te sientas impotente. Lo primero es que evites dramatizar, hacerle sentir culpable o darle sermones: eso puede hacer que se cierre en banda. En su lugar, puedes entablar una conversación abierta y sin juzgarlo.
Para ello, elige un momento tranquilo y haz preguntas abiertas: «¿Qué sientes cuando fumas un cigarrillo (dash, etc.)?». Escucha antes de dar consejos: entender lo que tu hijo piensa, siente y sabe de verdad te permite tener en cuenta su realidad y sus experiencias. En lugar de imponer, valora sus habilidades y su autonomía: «¿Qué puedo hacer por ti / para ayudarte?». Recuérdale los riesgos del consumo de forma objetiva.
Por último, pregúntale si está pensando en dejarlo y, si es así, cómo lo haría. Si el deseo de dejarlo surge de él o ella mismo, el cambio tiene más posibilidades de salir bien que si se lo imponen desde fuera. Si tu hijo o hija no está preparado o preparada para dejarlo, es importante mantener el vínculo y el diálogo con él o ella. Dejar de fumar es un proceso que puede llevar tiempo. Hay profesionales y servicios especializados que pueden ayudarte a mantener el diálogo o acompañarte en caso de que surjan dificultades.
Acompañar a los jóvenes – Padres y madresLos jóvenes suelen estar expuestos a la presión de los pares y a las normas sociales. Sin embargo, como su cerebro está en pleno desarrollo, la sensibilidad a la nicotina y el riesgo de dependencia física son mayores.
Por eso, los padres y madres pueden ayudarles a desarrollar un espíritu crítico ante las influencias externas, a la vez que les das puntos de referencia e información fiable. Para ello, no hace falta que te pongas dramático ni que le des sermones a tu hijo, porque eso puede generar resistencia. En su lugar, puedes sacar el tema en un momento tranquilo y hacer preguntas abiertas: «¿Qué sientes cuando fumas un cigarrillo (o un porro, u otras cosas)?». Escucha antes de aconsejar: entender lo que tu hijo o hija en la adolescencia piensa, siente y sabe de verdad te permite tener en cuenta su realidad y sus experiencias. También puedes recordarle los riesgos del consumo de forma objetiva.
Por último, como padres y madres, es fundamental estar siempre disponible y estar presente para tu hijo o hija, para que podáis hablar con regularidad en un ambiente de escucha y respeto.
La influencia del grupo o de los hermanos, en este caso, expone a los jóvenes a la presión de los pares y a las normas sociales. Los padres y madres pueden ayudar a sus hijos a desarrollar un espíritu crítico, a la vez que les dan puntos de referencia, límites e información fiable.
Para abrir el diálogo, puedes hablar por separado con cada uno de los hermanos. En primer lugar, con el mayor o la mayor, puedes expresar tu preocupación («Me preocupo por ti») mientras intentas entender la situación con preguntas abiertas («Me gustaría entender qué está pasando. ¿Por qué les ofreces tabaco a tus hermanos y hermanas?»). Es importante que expreses claramente tus preocupaciones sobre los riesgos para la salud. También puedes preguntarle a tu hijo o hija cómo se siente y si necesita ayuda. A continuación, deja claros los límites y las normas de la familia: qué es lo que se acepta en casa y cuáles serán las consecuencias si vuelve a pasar. Para que el mensaje sea coherente, informa también a los demás adultos que se ocupan de los niños (el otro padre o madre, familiares, la niñera, etc.).
Cuando hables con tus hermanos y hermanas, puedes preguntarles cómo se sienten y tomarte un rato para escucharlos. Intenta entender qué ha pasado y cómo han vivido ese momento. Tranquilízalos y deja claro lo que te preocupa sobre los riesgos para la salud. Por último, pensad juntos en una solución por si esto volviera a pasar.
Hablar del tema del tabaco es un tema delicado, incluso en familia. Sin embargo, el humo de segunda mano supone un riesgo real para la salud de los niños y de las personas que están cerca. Se pueden establecer varias normas y comunicárselas a los distintos miembros de la familia para evitar el tabaquismo pasivo:
- convertir el interior de la casa o el piso en un espacio libre de tabaco;
- prever una zona para fumadores fuera de la casa o el piso;
- convertir el interior del coche en un espacio libre de tabaco;
- si alguien fuma dentro : ventila la habitación durante 10 minutos abriendo todas las ventanas del todo;
- No fumar en las habitaciones de los niños ni cerca de sus juguetes o peluches, porque el humo se mete por todas partes;
- informar a los familiares y a los invitados de que la casa es un espacio libre de tabaco y explicarles por qué;
- evitar que el humo se impregne en la ropa: ponte una chaqueta o una camisa que uses solo para eso y que dejes fuera una vez que te hayas terminado el cigarrillo;
- Lávate las manos y enjuágate la boca después de fumar.
Es importante que los dos padres y madres compartáis los mismos valores, sobre todo en lo que respecta a la salud de vuestro hijo o hija. No le hagas sentir culpable al otro dando a entender que no se preocupa por la salud de su hijo o hija.
Si te resulta fácil hablar con tu expareja, buscad una solución juntos; si te cuesta hablar con ella, explícale la situación a tu hijo expresándole tus preocupaciones, tu desacuerdo y tus razones. Pregúntale también cómo se siente y cuáles son sus necesidades. Por último, mantente disponible para él o ella y escucha lo que tenga que decir.
Docentes
En principio, sí, la adicción al tabaco no justifica que se excluya a un joven de un campamento. Sin embargo, esto requiere cierta preparación. Como profesional, entabla un diálogo realista y comprensivo con el joven y sus padres y madres, colaborando con los servicios especializados si es necesario.
Antes de irte al campamento, puedes iniciar una conversación para intentar entender su experiencia y anticipar juntos los retos que la dependencia física podría plantear durante la estancia. Después, explícale el marco legal y las normas vigentes. Puedes hablarle de las consecuencias del consumo de tabaco para su salud, sobre todo de los efectos de la dependencia de la nicotina. Infórmale de las otras opciones disponibles presentándole las ayudas posibles (por ejemplo, sustitutos de nicotina, líneas de apoyo o servicios especializados) y explicándole que a menudo es difícil dejar de consumir tabaco o nicotina por tu cuenta. Si es necesario, los sustitutos de nicotina también pueden ser de gran ayuda. Para ello, conviene acudir a servicios especializados.
Por último, acordad juntos unas normas sobre lo que está permitido y lo que no durante el campamento, así como las consecuencias en caso de incumplimiento.
Como docente, si un alumno o una alumna viene a hablar contigo sobre su consumo, es importante que le des importancia a lo que te cuenta y que recibas su iniciativa con respeto y amabilidad. Escucha sin restarle importancia ni dramatizar, mientras intentas entender el contexto de ese consumo. Adapta lo que le digas según sus necesidades y lo que te pida. Sin embargo, recuérdale el marco legal: está prohibido que los menores compren productos del tabaco. Si necesita información, puedes explicarle las consecuencias que tienen estos productos para la salud. Si tu alumno o alumna necesita apoyo o ayuda para dejarlo, puedes derivarlo a los recursos adecuados (enfermero o enfermera escolar, servicios especializados) y apoyarlo en su proceso.
Hablar del tabaco con los adolescentes a veces puede ser complicado. Lo primero es tener en cuenta su realidad y sus experiencias para entablar un diálogo realista y comprensivo. Si quieres hablar del tema, hazlo en privado, respetando su confianza y la confidencialidad. Mantén la calma y no les juzgues.
Lo primero es abrir el diálogo para intentar entender el contexto de ese consumo: ¿se trata de un consumo ocasional, habitual o por influencia de los amigos? A continuación, adapta tu mensaje a la situación:
- Si el/la joven no suele fumar: desmonta los prejuicios, corrige las ideas erróneas y habla con él/ella sobre cómo resistirse a la presión del grupo.
- Si el/la joven ya fuma: abre el diálogo sobre los efectos y los riesgos de dependencia física, y cuéntale qué ayudas hay disponibles y qué servicios especializados existen.
En cualquier caso, recuérdale las normas del centro de forma objetiva, sin imponer sanciones automáticas a menos que estén expresamente previstas. Si el alumno o la alumna te dice que necesita ayuda o quiere reducir su consumo, puedes derivarlo o derivarla a un servicio especializado o a un profesional sanitario de la propia escuela.
Docentes – Hablemos de elloSi te encuentras con un grupo de alumnos fumando durante los recreos, lo primero es mantener la calma y mostrar una actitud comprensiva y sin juzgar. Puedes intervenir recordándoles el marco y las normas vigentes en el centro. Si no está expresamente previsto, evita sancionarles automáticamente. Para abrir el diálogo, pide ver a los alumnos por separado y en privado, para respetar la confidencialidad y ganarte su confianza. A continuación, puedes intentar entender el contexto de este consumo: curiosidad, presión de grupo, costumbre, preocupación por un ser querido que fuma (amigo, familiar). Adapta tu mensaje a cada uno de forma individual:
- Si el/la joven no suele fumar: desmonta los prejuicios, corrige las ideas erróneas y habla con él/ella sobre cómo resistirse a la presión del grupo.
- Si el/la joven ya fuma: abre el diálogo sobre los efectos y los riesgos de dependencia física, y cuéntale qué ayudas hay disponibles y qué servicios especializados existen.
Si el alumno o la alumna te cuenta que tiene alguna necesidad, remítelo o remítela a un profesional sanitario del centro o a un centro especializado, y valora con él o ella si conviene involucrar a sus padres y madres. Por último, si crees que es necesario, se puede organizar una intervención con profesionales externos especializados, de acuerdo con la dirección.
En esta situación, recuérdale las normas vigentes sobre el uso de dispositivos en clase y, al terminar las clases, tómate un momento para hablar en privado con el alumno o la alumna en cuestión. Abre el diálogo manteniendo la calma y con una actitud comprensiva. Intenta entender el contexto de su consumo y, después, recuérdale el marco legal y las normas vigentes en el centro. Puedes informarle de los efectos y los riesgos para la salud, y hablarle de las ayudas disponibles y los servicios especializados. Si el alumno o la alumna te dice que necesita ayuda, remítelo o remítela a un profesional sanitario del centro o a un centro especializado de tu zona.
Si se repite la situación o si hay algo que te preocupe, habla con la dirección, que, si es necesario, podrá proponer medidas en colaboración con servicios externos especializados.
Si en el reglamento se prevén expresamente medidas disciplinarias para esta situación, aplícalas de forma coherente. Si es necesario, involucra a los padres y madres.
Profesionales de la juventud
Lo primero es valorar que haya decidido hablar contigo y recibir su iniciativa con amabilidad y sin juzgarlo. Hazle preguntas abiertas para entender lo que ha vivido e identifica qué es lo que necesita: que le escuches, información o apoyo para dejarlo. Si te pide una explicación, puedes decirle que la nicotina da una sensación de calma a corto plazo, pero no resuelve el estrés. A largo plazo, crea una dependencia física que se instala rápidamente, sobre todo en los jóvenes. Deriva al adolescente a un centro especializado si es necesario y si él o ella lo desea.
Esta situación requiere una respuesta institucional. Es fundamental recordar a los monitores y monitoras su papel como modelos de conducta y su influencia, así como el marco normativo vigente en el centro. También puede ser una buena ocasión para aclarar o reforzar el reglamento interno sobre el consumo de sustancias, incluido el tabaco y otros productos con nicotina. El marco describe claramente los espacios de consumo y los comportamientos permitidos o prohibidos. La institución también puede ofrecer formación continua para los profesionales.
Tómate el comentario con amabilidad y haz caso a lo que dice el niño, sin dramatizar ni juzgar a su familia. Consuela al niño de forma breve y sencilla, por ejemplo: «Es desagradable cuando huele así». » Con un niño tan pequeño, lo importante no es la información, sino su bienestar.
Si el tema se repite o si el niño o la niña parece preocupado, intenta hablar con los padres y madres. Plantea lo que has observado de forma objetiva y sin reproches, por ejemplo: «Tu hijo o hija me ha dicho que huele a humo en casa, y parece que eso le preocupa. » Esta conversación también puede ser una buena ocasión para informar a los padres y madres sobre el humo de segunda mano y las medidas sencillas que se pueden tomar, como fumar fuera de casa.
Si tienes alguna otra duda o si la situación no te queda clara, háblalo con tus jefes y tus compañeros. Si hace falta, acude a un profesional sanitario.
El hecho de que el/la joven se abra contigo es una señal de confianza muy valiosa. Acoge esa confianza con respeto y amabilidad. Escucha sin juzgar ni dramatizar y adapta tu respuesta a lo que te pida: ¿necesita que le escuches, que le informes o que le apoyes en su proceso para dejarlo? Dale información fiable sobre los riesgos para la salud, sobre todo el mayor riesgo de dependencia física que tienen los jóvenes.
Evita prometer una confidencialidad absoluta. Si la situación te parece preocupante (consumo elevado, signos de dependencia física, especial vulnerabilidad), habla con tus superiores antes de tomar cualquier decisión sobre los padres y madres. Juntos podréis valorar cuál es la mejor forma de proteger al joven sin romper la relación de confianza.
Profesionales de la juventud – Hablemos de elloAntes que nada, consulta el reglamento interno de tu centro: si prevé una sanción, esta debe aplicarse de forma coherente. Sin embargo, acompáñala siempre de un diálogo comprensivo y sin juzgar.
Mantén la calma y recuerda el marco y las normas vigentes. Intenta entender el contexto: curiosidad, presión de grupo, costumbre. Adapta tu mensaje según la situación. Si es la primera vez, desmonta los mitos sobre estos productos: no están exentos de riesgos, a pesar de su discreción. Si se trata de un consumo habitual, abre el diálogo sobre los riesgos de dependencia física y los recursos disponibles. Si la situación se repite o te parece preocupante, busca el apoyo de tus superiores y compañeros, sobre todo en situaciones complejas.